6. Prueba de las tres hipótesis contra la evidencia
H1 (reconocimiento de bajo costo) encuentra apoyo real, pero parcial. Kosovo y Palestina, los dos casos de identidad nacional más disputada en la tabla, son exactamente los que más celebran públicamente la afiliación deportiva como marca de existencia política: la votación de 141 a 23 que admitió a Kosovo en 2016 fue tratada por la prensa y las autoridades kosovares como un momento de reconocimiento internacional equivalente, en peso simbólico, a un asiento diplomático. El problema para H1 sola es que no explica los casos donde la demanda claramente no es el motor: Mónaco tiene soberanía plena y nunca buscó la FIFA; Kiribati y Tuvalu son miembros plenos de la ONU y nunca entraron al sistema global del fútbol. Si la demanda de reconocimiento simbólico fuera universal entre quienes pueden buscarla, estos dos patrones inversos no deberían existir.
H2 (inercia institucional) encuentra el apoyo más fuerte en la tabla. La gran mayoría de los casos de divergencia son anteriores al cambio estatutario de 2004: Islas Feroe (1988), Hong Kong (1954), las cuatro naciones británicas (desde la propia fundación de la FIFA y la estructura de voto actual de la IFAB, de 1958). Las dos excepciones posteriores a 2004 más citadas, Kosovo y Gibraltar, solo ocurrieron porque una presión jurídica externa (el TAS, en el caso de Gibraltar) o una votación de Congreso políticamente cargada (en el caso de Kosovo) forzaron la excepción a la regla que la propia FIFA escribió para cerrar la puerta. Esto es evidencia directa a favor de H2: dejado a su propia lógica institucional, el sistema tiende a converger con el mapa de la ONU, no a divergir, y cuando diverge hoy es porque algo de fuera lo obligó.
H3 (autointerés institucional) encuentra apoyo directo en el par Zanzíbar-Sahara Occidental. Ninguna de las dos hipótesis anteriores explica por qué la CAF admite a Zanzíbar en marzo de 2017 y la expulsa en julio del mismo año, o por qué rechaza al Sahara Occidental en 2023 pese al reconocimiento de la propia Unión Africana desde 1984. El patrón aquí no es ni demanda simbólica siendo atendida (H1) ni inercia mantenida por omisión (H2): es control activo, en ambas direcciones, aplicado selectivamente. La CAF decidió, decidió de nuevo en sentido opuesto cuatro meses después, y decidió una vez más en 2023 usando un criterio (reconocimiento de la ONU) que ella misma redactó en su propio estatuto en 2021. Quien manda en el mapa final no es la entidad que golpea la puerta, es la organización que decide, cuando quiere, reabrir o volver a cerrar esa puerta.
La lectura más defendible, juntando las tres pruebas: H2 explica la mayor parte del stock de casos (por qué existe la divergencia hoy, en su origen histórico), H1 explica por qué ciertas entradas nuevas y raras (Kosovo) cargan un peso político desproporcionado cuando ocurren, y H3 explica por qué el sistema no es una cinta transportadora neutral que recibe a quien aparece, sino un aparato de decisión activa que admite, expulsa y rechaza según criterio propio. Las tres hipótesis, puestas a prueba juntas, explican más que cualquiera sola.